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DATOS GEOGRAFICOS DE CUBA
Nombre oficial: República de Cuba
Coordenadas geográficas: 21º 30' Norte, 80º Oeste
Situacion geográfica: Caribe, isla entre el mar Caribe y el Océano Atlántico Norte, al sur de Florida
Superrficie total

Superficie total: 110,860 km²
Superficie cultivable: 110,860 km²
Cultivos anuales: 23 %
Cultivos perennes: 6 %
Praderas y pastos: 23 %
Bosques y monte bajo 17 %
Otros: 31 %
Superficie en regado: 8,960 km² (1989)
INFORMACION SOCIAL Y ECONOMICA
Población residente 11 230 076
Población media U 11 215 229
Población femenina % 49,9
Población en edad laboral U 6 654 939
Indice de urbanización % 75,8
Densidad de población hab/km2 101,3
Esperanza de vida al nacer (Período 2001-2003) años / Year 77,00
HISTORIA
PRIMEROS HABITANTES DE CUBA.
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Cuando Cristóbal Colón arribó a Cuba el 27 de octubre de 1492 y sus naves recorrieron durante cuarenta días la costa norte oriental de la Isla, pudo apreciar, junto a los encantos de la naturaleza exuberante, la presencia de pobladores pacíficos e ingenuos que le ofrecían algodón, hilado y pequeños pedazos de oro a cambio de baratijas.

Dos años después, al explorar la costa sur de Cuba durante su segundo viaje, el Almirante se percataría de la diversidad de esos pobladores indígenas, pues los aborígenes de la región oriental que lo acompañaban, no podían entenderse con los habitantes de la parte occidental.

Ciertamente, la población de la Isla se había iniciado cuatro milenios antes, con la llegada de diversas corrientes migratorias: las primeras probablemente procedentes del norte del continente a través de la Florida, y las posteriores, llegadas en sucesivas oleadas desde la boca del Orinoco a lo largo del arco de las Antillas.

Entre los aproximadamente 100 000 indígenas que poblaban la Isla al iniciarse la conquista española, existían grupos con distintos niveles de desarrollo sociocultural.

Los más antiguos y atrasados -ya casi extinguidos en el siglo XV- vivían de la pesca y la recolección y fabricaban sus instrumentos con las conchas de grandes moluscos. Otro grupo, sin despreciar la concha, poseía instrumentos de piedra pulida y, junto a las actividades recolectoras, practicaba la caza y la pesca.


Más avanzados, los procedentes de Sudamérica -pertenecientes al tronco aruaco- eran agricultores, y con su principal cultivo, la yuca, fabricaban el casabe, alimento que no sólo podía comerse en el momento, sino que también se podía conservar. Confeccionaban objetos y recipientes de cerámica y poseían un variado instrumental de concha y piedra pulida.

Sus casas de madera y guano de palma -los bohíos- agrupadas en pequeños poblados aborígenes, constituirían durante varios siglos un elemento fundamental del habitat del campesinado cubano.
LA SOCIEDAD COLONIAL
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La conquista de la Isla por España se inicia casi dos décadas después del primer viaje de Colón, como parte del proceso de ocupación que se irradiaba hacia diversas tierras del Caribe. A Diego Velázquez, uno de los más ricos colonos de La Española, se encargó sojuzgar el territorio cubano, que se inició en 1510 con una prolongada operación de reconocimiento y conquista, plagada de cruentos incidentes. Alertados acerca de las tropelías cometidas por los españoles en las islas vecinas, los aborígenes de la región oriental de Cuba resistieron la invasión hispana, dirigidos por Yahatuey o Hatuey, un cacique fugitivo de La Española, quien finalmente fue apresado y quemado vivo como escarmiento.

Con la fundación de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa, en 1512, los españoles emprendieron el establecimiento de siete villas con el objetivo de controlar el territorio conquistado -Bayamo (1513), la Santísima Trinidad, Sancti Spíritus y San Cristóbal de La Habana (1514), Puerto Príncipe (1515)- hasta concluir con Santiago de Cuba (1515), designada sede del gobierno. Desde estos asentamientos, que en su mayoría cambiaron su primitiva ubicación, iniciaron los conquistadores la explotación de los recursos de la Isla.

La actividad económica se sustentó en el trabajo de los indígenas, entregados a los colonos por la Corona mediante el sistema de "encomiendas", una especie de concesión personal, revocable y no transmisible, mediante el cual el colono se comprometía a vestir, alimentar y cristianizar al aborigen a cambio del derecho de hacerlo trabajar en su beneficio. El renglón económico dominante en estos primeros años de la colonia fue la minería, específicamente la extracción de oro, actividad en la cual se emplearon indios encomendados así como algunos esclavos negros que se integraron desde muy temprano al conglomerado étnico que siglos después constituiría el pueblo cubano.

El rápido agotamiento de los lavaderos de oro y la drástica reducción de la población -incluidos los españoles, alistados en gran número en las sucesivas expediciones para la conquista del continente- convirtieron a la ganadería en la principal fuente de riqueza de Cuba. A falta de oro, la carne salada y los cueros serían las mercancías casi exclusivas con que los escasos colonos de la Isla podrían incorporarse a los circuitos comerciales del naciente imperio español.

Concebido bajo rígidos principios mercantilistas, el comercio imperial se desarrollaría como un cerrado monopolio que manejaba la Casa de Contratación de Sevilla, lo que no tardó en despertar los celosos apetitos de otras naciones europeas.

Corsarios y filibusteros franceses, holandeses e ingleses asolaron el Caribe, capturaron navíos y saquearon ciudades y poblados. Cuba no escapó de esos asaltos: los nombres de Jacques de Sores, Francis Drake y Henry Morgan mantuvieron en pie de guerra por más de un siglo a los habitantes de la Isla. Las guerras y la piratería también trajeron sus ventajas.

Para resguardar el comercio, España decidió organizar grandes flotas que tendrían como punto de escala obligado el puerto de La Habana, estratégicamente situado al inicio de la corriente del Golfo.

La periódica afluencia de comerciantes y viajeros, así como los recursos destinados a financiar la construcción y defensa de las fortificaciones que, como el Castillo del Morro, guarnecían la bahía habanera, se convertirían en una importantísima fuente de ingresos para Cuba.

Los pobladores de las regiones alejadas, excluidos de tales beneficios, apelaron entonces a un lucrativo comercio de contrabando con los propios piratas y corsarios, que de este modo menos agresivo también burlaban el monopolio comercial sevillano. Empeñadas en sofocar tales intercambios, las autoridades coloniales terminaron por chocar con los vecinos, principalmente los de la villa de Bayamo, quienes con su sublevación de 1603, ofrecieron una temprana evidencia de la diversidad de intereses entre la "gente de la tierra" y el gobierno metropolitano. Uno de los incidentes provocados por el contrabando inspiró poco después el poema Espejo de Paciencia, documento primigenio de la historia literaria cubana.

A principios del siglo XVII, la Isla, que en ese momento contaba con unos 30 000 habitantes, fue dividida en dos gobiernos, uno en La Habana y otro en Santiago de Cuba, aunque la capital se estableció en aquella. Aunque lentamente, la actividad económica crecía y se diversificaba con el desarrollo del cultivo del tabaco y la producción de azúcar de caña. Paulatinamente se establecieron nuevos pueblos, por lo general alejados de las costas y crecieron las primitivas villas, donde comenzaba a manifestarse un estilo de vida más acomodado y a practicarse frecuentes diversiones, desde los juegos y bailes hasta las corridas de toros y los altares de cruz. De la actividad religiosa, que era con mucho la nota dominante de la vida social, quedarían importantes huellas arquitectónicas, entre las que vale como muestra el magnífico Convento de Santa Clara.

La subida al trono español de la dinastía Borbón a principios del siglo XVIII, trajo aparejada una modernización de las concepciones mercantilistas que presidían el comercio colonial. Lejos de debilitarse, el monopolio se diversificó y se dejó sentir de diverso modo en la vida económica de las colonias. En el caso cubano, ello condujo a la instauración del estanco del tabaco, destinado a monopolizar en beneficio de la Corona la elaboración y comercio de la aromática hoja, convertida ya en el más productivo renglón económico de la Isla. La medida fue resistida por comerciantes y cultivadores, lo que dio lugar a protestas y sublevaciones, la tercera de las cuales fue violentamente reprimida mediante la ejecución de once vegueros en Santiago de las Vegas, población próxima a la capital. Imposibilitados de vencer el monopolio, los más ricos habaneros decidieron participar de sus beneficios. Asociados con comerciantes peninsulares, lograron interesar al Rey y obtener su favor para constituir una Real Compañía de Comercio de La Habana (1740), la cual monopolizó por más de dos décadas la actividad mercantil de Cuba.

El siglo XVIII fue escenario de sucesivas guerras entre las principales potencias europeas, que en el ámbito americano persiguieron un definido interés mercantil. Todas ellas afectaron a Cuba de uno u otro modo, pero sin duda la más trascendente fue la de los Siete Años (1756-1763), en el curso de la cual La Habana fue tomada por un cuerpo expedicionario inglés. La ineficacia de las máximas autoridades españolas en la defensa de la ciudad contrastó con la disposición combativa de los criollos, expresada sobre todo en la figura de José Antonio Gómez, valeroso capitán de milicia de la cercana villa de Guanabacoa, muerto a consecuencia de los combates.

Durante los once meses que duró la ocupación inglesa -agosto de 1762 a julio de 1763-, La Habana fue teatro de una intensa actividad mercantil que pondría de manifiesto las posibilidades de la economía cubana, hasta ese momento aherrojada por el sistema colonial español.

Al restablecerse el dominio hispano sobre la parte occidental de la Isla, el Rey Carlos III y sus ministros "ilustrados" adoptaron una sucesión de medidas que favorecerían el progreso del país.

La primera de ellas fue el fortalecimiento de sus defensas, de lo cual sería máxima expresión la construcción de la imponente y costosísima fortaleza de San Carlos de La Cabaña en La Habana; a esta se sumarían numerosas construcciones civiles, como el Palacio de los Capitanes Generales (de gobierno) y religiosas, como la Catedral, devenidas símbolos del paisaje habanero.

El comercio exterior de la Isla se amplió, a la vez que se mejoraron las comunicaciones interiores y se fomentaron nuevos poblados como Pinar del Río y Jaruco. Otras medidas estuvieron encaminadas a renovar la gestión gubernativa, particularmente con la creación de la Intendencia y de la Administración de Rentas.

En este contexto se efectuó el primer censo de población (1774) que arrojó la existencia en Cuba de 171 620 habitantes.

Otra serie de acontecimientos internacionales contribuyeron a la prosperidad de la Isla. El primero de ellos, la guerra de independencia de las Trece Colonias inglesas de Norteamérica, durante la cual España -partícipe del conflicto- aprobó el comercio entre Cuba y los colonos sublevados. La importancia de este cercano mercado se pondría de manifiesto pocos años después, durante las guerras de la Revolución Francesa y el Imperio napoleónico, en las cuales España se vio involucrada con grave perjuicio para sus comunicaciones coloniales.

En esas circunstancias se autorizó el comercio con los "neutrales" -Estados Unidos- y la economía de la Isla creció vertiginosamente, apoyada en la favorable coyuntura que para los precios del azúcar y el café creó la revolución de los esclavos en la vecina Haití. Los hacendados criollos se enriquecieron y su flamante poder se materializó en instituciones que, como la Sociedad Económica de Amigos del País y el Real Consulado, canalizaron su influencia en el gobierno colonial. Lidereados por Francisco de Arango y Parreño, estos potentados criollos supieron sacar buen partido de la inestable situación política y, una vez restaurada la dinastía borbónica en 1814, obtuvieron importantes concesiones como la libertad del comercio, el desestanco del tabaco y la posibilidad de afianzar legalmente sus posesiones agrarias.

Pero tan notable progreso material se basaba en el horroroso incremento de la esclavitud. A partir de 1790, en sólo treinta años, fueron introducidos en Cuba más esclavos africanos que en el siglo y medio anterior. Con una población que en 1841 superaba ya el millón y medio de habitantes, la Isla albergaba una sociedad sumamente polarizada; entre una oligarquía de terratenientes criollos y grandes comerciantes españoles y la gran masa esclava, subsistían las disímiles capas medias, integradas por negros y mulatos libres y los blancos humildes del campo y las ciudades, estos últimos cada vez más remisos a realizar trabajos manuales considerados vejaminosos y propios de esclavos. La esclavitud constituyó una importante fuente de inestabilidad social, no sólo por las frecuentes manifestaciones de rebeldía de los esclavos -tanto individuales como en grupos- sino porque el repudio a dicha institución dio lugar a conspiraciones de propósitos abolicionistas.

Entre estas se encuentran la encabezada por el negro libre José Antonio Aponte, abortada en La Habana en 1812, y la conocida Conspiración de la Escalera (1844), que originó una cruenta represión. En esta última perdieron la vida numerosos esclavos, negros y mulatos libres, entre quienes figuraba el poeta Gabriel de la Concepción Valdés, (Plácido).

El desarrollo de la colonia acentuó las diferencias de intereses con la metrópoli. A las inequívocas manifestaciones de una nacionalidad cubana emergente, plasmadas en la literatura y otras expresiones culturales durante el último tercio del siglo XVIII, sucederían definidas tendencias políticas que proponían disímiles y encontradas soluciones a los problemas de la Isla.

El cauto reformismo promovido por Arango y los criollos acaudalados encontró continuidad en un liberalismo de corte igualmente reformista encarnado por José Antonio Saco, José de la Luz y Caballero y otros prestigiosos intelectuales vinculados al sector cubano de los grandes hacendados.

La rapaz y discriminatoria política colonial de España en Cuba tras la pérdida de sus posesiones en el Continente, habría de frustrar en reiteradas ocasiones las expectativas reformistas. Esto favoreció el desarrollo de otra corriente política que cifraba sus esperanzas de solución de los problemas cubanos en la anexión a Estados Unidos. En esta actitud convergía tanto un sector de los hacendados esclavistas que veía en la incorporación de Cuba a la Unión norteamericana una garantía para la supervivencia de la esclavitud -dado el apoyo que encontrarían en los estados sureños-, como individuos animados por las posibilidades que ofrecía la democracia estadounidense en comparación con el despotismo hispano. Los primeros, agrupados en el "Club de La Habana" favorecieron las gestiones de compra de la Isla por parte del gobierno de Washington, así como las posibilidades de una invasión "liberadora" encabezada por algún general norteamericano.

En esta última dirección encaminó sus esfuerzos Narciso López, general de origen venezolano que, tras haber servido largos años en el ejército español, se involucró en los trajines conspirativos anexionistas. López condujo a Cuba dos fracasadas expediciones, y en la última fue capturado y ejecutado por las autoridades coloniales en 1851.

Otra corriente separatista más radical aspiraba a conquistar la independencia de Cuba. De temprana aparición -en 1810 se descubre la primera conspiración independentista lidereada por Román de la Luz-, este separatismo alcanza un momento de auge en los primeros años de la década de 1820. Bajo el influjo coincidente de la gesta emancipadora en el continente y el trienio constitucional en España, proliferaron en la Isla logias masónicas y sociedades secretas. Dos importantes conspiraciones fueron abortadas en esta etapa, la de los Soles y Rayos de Bolívar (1823), en la que participaba el poeta José María Heredia -cumbre del romanticismo literario cubano- y más adelante la de la Gran Legión del Aguila Negra alentada desde México.

También por estos años, el independentismo encontraba su plena fundamentación ideológica en la obra del presbítero Félix Varela.

Profesor de filosofía en el Seminario de San Carlos en La Habana, Varela fue electo diputado a Cortes en 1821 y tuvo que huir de España cuando la invasión de los "cien mil hijos de San Luis" restauró el absolutismo. Radicado en Estados Unidos, comenzó a publicar allí el periódico El Habanero dedicado a la divulgación del ideario independentista.


Su esfuerzo, sin embargo, tardaría largos años en fructificar pues las circunstancias, tanto internas como externas, no resultaban favorables al independentismo cubano.

En los años posteriores, la situación económica cubana experimentó cambios significativos. La producción cafetalera se derrumbó abatida por la torpe política arancelaria española, la competencia del grano brasileño y la superior rentabilidad de la caña.

La propia producción azucarera se vio impelida a la modernización de sus manufacturas ante el empuje mercantil del azúcar de remolacha europeo. Cada vez más dependiente de un solo producto -el azúcar- y del mercado estadounidense, Cuba estaba urgida de profundas transformaciones socioeconómicas a las cuales la esclavitud y la expoliación colonial española interponían grandes obstáculos.

El fracaso de la Junta de Información convocada en 1867 por el gobierno metropolitano para revisar su política colonial en Cuba, supuso un golpe demoledor para las esperanzas reformistas frustradas en reiteradas ocasiones. Tales circunstancias favorecieron el independentismo latente entre los sectores más avanzados de la sociedad cubana, propiciando la articulación de un vasto movimiento conspirativo en las regiones centro orientales del país.
LUCHAS POR LA INDEPENDENCIA NACIONAL
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El movimiento estalló el 10 de octubre de 1868, al levantarse en armas el abogado bayamés Carlos Manuel de Céspedes, uno de los principales conspiradores, quien en su ingenio La Demajagua proclamó la independencia y dio la libertad a sus esclavos. El alzamiento, secundado poco después por los conspiradores de Camagüey y Las Villas, logró afirmarse, no obstante la despiadada reacción hispana.

Mientras los españoles de las ciudades, agrupados en los cuerpos de voluntarios, sembraban el terror entre las familias cubanas convirtiéndose en un influyente factor de las decisiones políticas, el ejército colonial avanzaba sobre Bayamo -la capital insurrecta-,que los cubanos tendrían que abandonar, no sin antes reducirla a cenizas como expresión de su inclaudicable voluntad revolucionaria. En tan difíciles condiciones, el movimiento independentista logró unificarse, aprobando en Guáimaro la constitución que daba lugar a la República de Cuba en Armas.

El ejército libertador cubano, tras meses de duro aprendizaje militar, alcanzó una capacidad ofensiva que se pondría de manifiesto en la invasión de la rica región de Guantánamo por el General Máximo Gómez y las brillantes acciones libradas en las sabanas camagüeyanas por la caballería al mando de Ignacio Agramonte. Pero este avance militar se vio lastrado por las diferencias políticas en el campo revolucionario, las cuales condujeron a la deposición de Céspedes de su cargo de Presidente de la República (1873) e impidieron el tan necesario apoyo en armas y medios de los patriotas emigrados. Una influencia igualmente negativa ejerció la política de hostilidad hacia los revolucionarios cubanos adoptada por el gobierno de Estados Unidos que, frente a la gesta independentista, prefirió atenerse a su vieja política confiado en que el destino de Cuba gravitaría indefectiblemente hacia el dominio norteamericano.

El empuje militar cubano alcanzó su cenit entre 1874 y 1875, primero con la campaña de Máximo Gómez en Camagüey, jalonada por los victoriosos combates de La Sacra y Palo Seco y la batalla de Las Guásimas -donde el ejército cubano derrotó una fuerza española de más de 4 000 hombres- y la posterior invasión a Las Villas por las tropas mambisas al mando del genial general dominicano. Pero el trascendental avance estratégico resultó desvirtuado nuevamente por las disensiones intestinas que, al entorpecer la llegada de vitales refuerzos, posibilitaron que la invasión se empantanase sin conseguir su objetivo de llevar la guerra al rico territorio occidental de la Isla.

El debilitamiento del esfuerzo independentista coincidió con la recuperación de la capacidad político-militar española, cuando la restauración monárquica de 1876 puso fin a las violentas conmociones que habían caracterizado la vida de la península tras la "revolución gloriosa" (1868) y con la posterior proclamación de la república.

El desfavorable sesgo de la correlación de fuerzas y el desgaste en el campo insurrecto, posibilitaron que un importante sector del movimiento independentista aceptase las propuestas del General español Arsenio Martínez Campos. La paz sin independencia firmada en el Zanjón (1878) no obtuvo el consenso de las fuerzas mambisas y en particular fue rechazada por el General Antonio Maceo, jefe de las fuerzas de la parte más oriental de la Isla, quien, no obstante su humilde origen, había escalado la más alta jerarquía del Ejército Libertador a fuerza de valentía y capacidad combativa.

Aunque las acciones militares insurrectas no pudieron sostenerse por mucho tiempo, la Protesta de Baraguá, escenificada por Maceo y sus tropas, que encarnaban los sectores más populares del movimiento revolucionario, constituyó la evidencia mayor de la irrevocable voluntad de los cubanos de continuar la lucha por la independencia.

En la década de 1880, la Isla atravesaría por un proceso de grandes cambios económicos y sociales. La esclavitud, muy quebrantada ya por la Revolución de 1868, fue finalmente abolida por España en 1886. Ello estuvo acompañado por notables transformaciones en la organización de la producción azucarera, la cual alcanzaba definitivamente una etapa industrial. La dependencia comercial cubana respecto a Estados Unidos se haría prácticamente absoluta, y los capitales norteamericanos comenzaron a invertirse de manera creciente en diversos sectores de la economía.

La burguesía insular, alejada de aspiraciones independentistas, había dado lugar a dos formaciones políticas: el partido Liberal, más adelante denominado Autonomista, que retomaba la vieja tendencia de conseguir reformas del sistema colonial español hasta alcanzar fórmulas de autogobierno; y el partido Unión Constitucional, expresión reaccionaria de los sectores interesados en la plena integración de Cuba a España. El independentismo, reafirmado en su base popular, sería alentado sobre todo desde la emigración. Un primer estallido, la llamada "Guerra Chiquita" (1879), llevó nuevamente a los cubanos al campo de batalla en los territorios orientales y villareños, pero pudo ser sofocada después de algunos meses por su escasa organización y débil coherencia política. A ella sucederían periódicos desembarcos, conspiraciones y alzamientos, casi siempre encabezados por los jefes militares de la Guerra de los Diez Años, los cuales fueron abortados o sofocados por las autoridades españolas dada la incapacidad de articular las acciones con un movimiento de masas amplio y unido. Esa sería la obra de José Martí.
Entregado desde su adolescencia al ideal independentista, José Martí y Pérez (La Habana, 1853) sufrió prisión y destierro durante la Guerra de los Diez Años.

Sus vínculos con movimientos conspirativos posteriores, le permitieron comprender que la revolución cubana debía asentarse sobre nuevas bases programáticas y organizativas, tarea a la cual se entregó por entero.

Dotado de exquisita sensibilidad poética y brillantes facultades oratorias, Martí poseía también un profundo pensamiento político, enriquecido por la experiencia de sus años de vida en España, Estados Unidos y distintos países latinoamericanos.

Su labor de esclarecimiento y unificación, centrada en los núcleos de emigrados cubanos, principalmente en Estados Unidos, pero con amplia repercusión en la Isla, cristalizó en 1892 con la constitución del Partido Revolucionario Cubano. Concebido como la organización única de todos los independentistas cubanos, el partido debía conseguir los medios materiales y humanos para la nueva empresa emancipadora, e investir a los jefes militares de la imprescindible autoridad política para desencadenar la "Guerra Necesaria".

Esta estalló el 24 de febrero de 1895. Martí, que desembarcó en Cuba acompañado por Máximo Gómez, Jefe del Ejército Libertador, caía poco después en la acción de Dos Ríos. Pese a esta pérdida irreparable, la revolución se desarrolló en la provincia de Oriente, donde Maceo -llegado en una expedición desde Costa Rica- había asumido el mando de las fuerzas mambisas, y se extendió poco después a Camagüey y Las Villas. Reunidos en Jimaguayú, los delegados del Ejército Libertador elaboraron la constitución que regiría los destinos de la República en Armas. La asamblea eligió presidente al patricio camagüeyano Salvador Cisneros Betancourt y designó General en Jefe y Lugarteniente General del Ejército Libertador a Máximo Gómez y Antonio Maceo, respectivamente. Poco después, Maceo partía de Baraguá al frente de una columna invasora que, unida a las fuerzas de Gómez que aguardaban en Las Villas, debía avanzar sobre el occidente de la Isla. Tras los exitosos combates de Mal Tiempo, Coliseo y Calimete, el contingente invasor penetró en la provincia habanera, llevando el pánico a las autoridades coloniales en la capital. Con la llegada de las fuerzas de Maceo a Mantua -la población más occidental de Cuba-, la invasión cumplía exitosamente su objetivo: la guerra hacía sentir sus devastadores efectos en toda la Isla, cuyos principales renglones productivos experimentaron un brusco descenso. En esta ocasión, España no podría extraer de Cuba los recursos necesarios para combatir su independencia.

Para enfrentar la insurrección generalizada, la metrópoli designó Capitán General de la Isla a Valeriano Weyler, quien llegó a Cuba y fue apoyado con cuantiosos refuerzos para desarrollar una guerra de exterminio

Pese al elevado costo humano que entrañaba este tipo de contienda -sobre todo por la reconcentración de la población campesina en las ciudades-, Weyler no pudo contener la insurrección, la campaña de Gómez en La Habana y la de Maceo en Pinar del Río mantendrían en jaque al ejército colonialista.

Aunque actuando en difíciles condiciones, las fuerzas mambisas recibían con cierta periodicidad los recursos bélicos remitidos desde la emigración por el Partido Revolucionario Cubano que, unido al armamento arrebatado al enemigo, le permitían mantener su capacidad combativa.

En diciembre de 1896 se produce la caída de Maceo en el combate de San Pedro, y es sustituido en el cargo de Lugarteniente General del Ejército Libertador por Calixto García, otro brillante general de la Guerra de los Diez Años. Gómez decide entonces concentrar sobre sí lo mejor de las fuerzas españolas, a las que somete a una demoledora campaña de desgaste en el centro de la Isla. Deja así las manos libres a García, quien libra importantes combates en Oriente, y logra la captura de las plazas fortificadas de Tunas y Guisa. Mientras, en occidente se producen miles de acciones de mediana y pequeña escala. La suerte del colonialismo español estaba echada.

El desarrollo de la revolución en Cuba, visto con creciente simpatía por el pueblo norteamericano, hacen que el 19 de abril ambas Cámaras del Congreso estadounidense aprueben la Resolución Conjunta mediante la cual el gobierno de Washington intervenia en el conflicto. Según el documento Cuba debia ser libre e independiente y Estados Unidos se retiraria de la isla cuando existieran las garantias de un gobierno estable. Cediendo en parte a presiones estadounidenses, España otorga la autonomía a Cuba, medida tardía que no surte el efecto esperado.

Se produce entonces -febrero de 1898- la explosión del acorazado Maine en el puerto habanero, hecho que Washington tomará como pretexto para movilizar la opinión pública e intervenir directamente en la guerra.

Aunque admite formalmente la independencia de Cuba, sin reconocer sus instituciones, Estados Unidos entra en guerra con España y, con la colaboración de las fuerzas mambisas, desembarca sus tropas en la costa sur de la zona oriental de Cuba. Las acciones se libran en torno a Santiago de Cuba.

La flota española ha quedado bloqueada en el puerto santiaguero, intenta una salida en la cual es aniquilada por la superioridad de las fuerzas navales norteamericanas. Tras el asalto a las defensas externas de la ciudad por las fuerzas cubano-estadounidenses, el mando español decide rendirse. Hecho sintomático: los jefes militares cubanos, encabezados por Calixto García son excluidos del acto de rendición y se prohíbe la entrada de sus fuerzas en la ciudad. Meses después, según el Tratado de París, España traspasará Cuba a los Estados Unidos sin que se tuviesen en cuenta para nada las instituciones representativas del pueblo cubano.
OCUPACION MILITAR DE ESTADOS UNIDOS EN LA ISLA
El 1º de enero de 1899, Estados Unidos entraba formalmente en posesión de Cuba. Se materializaba así una antigua ambición. Se trataba ahora de definir el futuro de Cuba, y cualquiera que este fuese, el gobierno de Washington consideraba conveniente la desaparición de las instituciones representativas del movimiento libertador cubano.

A ello contribuirían las debilidades y contradicciones existentes entre los cubanos, sobre todo, las discrepancias surgidas entre Máximo Gómez, General en Jefe del Ejército Libertador y la Asamblea de Representantes, máximo órgano político de la Revolución. Estas discrepancias fundamentalmente se referían a los procedimientos para licenciar al Ejército Libertador.

El resultado fue la desaparición de ambas instituciones, que junto con la disolución del Partido Revolucionario Cubano (PRC) por decisión de su delegado Tomás Estrada Palma, disgregó y dejó acéfalas a las fuerzas independentistas.

La ocupación militar, legitimada por el Tratado de París del 10 de diciembre de 1898, constituyó el marco experimental para la aplicación de la política con respecto a Cuba. Para Estados Unidos este fue un período de fuertes tensiones internas y externas, matizadas por presiones internas y negociaciones alrededor de la toma de decisiones gubernamentales.

Entre los factores que incidían en la inestabilidad cubana se encontraba el manejo de la problemática del país por los sectores que de una u otra forma estaban interesados en su desenlace. A pesar de los esfuerzos de los grupos pacifistas de Estados Unidos, la tendencia anexionista en todas sus variantes se abría un espacio cada vez más importante en las esferas de poder. Sin embargo, algo que debe destacarse es que en cada una de estas variantes del anexionismo predominaba el concepto más o menos peyorativo del supuesto "infantilismo" de los cubanos. Es decir, la criatura, al empezar a dar sus primeros pasos, no podía prescindir del brazo fuerte del padre que la sostuviera, la ayudara y la protegiera de posibles caídas.

Una de las alternativas llegó a su máxima expresión en los meses finales del gobierno de John Brooke, primer gobernador militar de la Isla y consistió en traspasar la soberanía de Cuba a un gobierno civil que convirtiera a Cuba, de un solo golpe,en territorio estadounidense. Esta idea cobró fuerza entre los círculos expansionistas y sus principales voceros.

La oposición interna a esta variante y sobre todo el rechazo del pueblo cubano a esa pretensión conllevó a que el nuevo gobernador, Leonard Wood, concibiera la idea de "americanizar" a la Isla por medio de una ocupación prolongada. Esta idea tuvo dos vertientes fundamentales. La primera, era un amplio proyecto reformador centralizado "desde arriba" y en esencia implicaba la transformación de la sociedad cubana (escuelas, sistema de sanidad, sistema judicial, sistema de gobierno, ayuntamiento, etc.). La segunda línea de acción se encaminaba al fomento de la inmigración, fundamentalmente de origen anglosajón, con vista a una colonización gradual que "desde abajo" fuera introduciendo la idiosincrasia de la sociedad norteamericana.

Sin embargo, ninguno de los proyectos tenía como objetivo transformar las caducas estructuras de la excolonia española en su tránsito hacia la independencia, sino a crear las condiciones para el fomento de un "mercado de tierra" que facilitara el traspaso de las propiedades a manos de políticos, magnates y propietarios norteños. Mientras tanto, la escasez de capitales y de fuentes de crédito colocaba a los hacendados cubanos en una situación en extremo desventajosa para el restablecimiento de sus negocios, sobre todo lo relacionado con el importante renglón azucarero, muy lesionado por la guerra.

No obstante, la necesidad de un cambio de política aumentaba por día, y desde fecha tan temprana como 1899 comenzó a ventilarse la posibilidad de preparar el terreno para la anexión, no mediante la prolongación de la ocupación militar directa, sino con el establecimiento de una república bajo determinadas condiciones. La supuesta incapacidad de los cubanos para gobernarse por sí mismos haría que muy pronto y de forma natural, ellos mismos solicitaran la anexión al poderoso vecino.

La primera piedra del edificio sería dictar las disposiciones sobre la convocatoria a la Asamblea Constituyente de Cuba, según la Ley militar No.301 del 25 de julio de 1900. De acuerdo con lo dispuesto, la Convención debía redactar y adoptar una constitución para el pueblo de Cuba, y como parte de la misma proveer y acordar con el Gobierno de Estados Unidos lo referente a las relaciones que deberían existir entre ambos gobiernos. En medio de los trabajos de la Comisión cubana encargada de dictaminar sobre las futuras relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el Congreso norteamericano aprueba la Enmienda Platt, con la que el gobierno de Estados Unidos se otorgaba el derecho a intervenir en los asuntos internos de la Isla cuando lo entendiera conveniente.

A pesar de la oposición de los delegados a la Asamblea Constituyente, la presión norteamericana, que colocaba a los cubanos ante la disyuntiva de tener una república con la Enmienda que limitaba su independencia o de continuar la ocupación, logró que ésta quedara definitivamente aprobada por los cubanos el 12 de junio de 1901.
MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO (1953-1958)
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La inercia e incapacidad de los partidos políticos burgueses para enfrentar al régimen castrense -al cual se adhirieron algunos de estos partidos- contrastó con la beligerancia de los sectores populares, en especial de la joven generación que recién nacía a la vida política.

De sus filas nació un movimiento de nuevo tipo, encabezado por Fidel Castro (Birán, 1926), un joven abogado cuyas primeras actividades políticas se habían desarrollado en el medio universitario y las filas de la ortodoxia. Preconizando una nueva estrategia de lucha armada contra la dictadura, Fidel Castro se dio a la silenciosa y tenaz preparación de esa batalla.

El "Moncada" fue el motor pequeño que echo a andar el motor grande.

Las acciones se desencadenarían el 26 de julio de 1953, con los asaltos simultáneos a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, concebidos como detonantes de una vasta insurrección popular.

Al fracasar la operación, decenas de asaltantes que cayeron prisioneros fueron asesinados. Otros sobrevivientes, entre los que se encontraba Fidel Castro, fueron juzgados y condenados a severas penas de prisión. En el juicio que se les siguió, el joven líder revolucionario pronunció un brillante alegato de autodefensa -conocido como "La Historia me absolverá"-, en el cual fundamentaba el derecho del pueblo a la rebelión contra la tiranía y explicaba las causas, vías y objetivos de la lucha emprendida. Este alegato se convirtió en el programa de la revolución.

Entretanto, la dictadura enfrentaba la crítica coyuntura creada por el descenso de los precios del azúcar con la manida fórmula de la restricción productiva. Para contrarrestar sus efectos depresivos, el gobierno inicia una movilización compulsiva de recursos financieros que, en proporción apreciable, terminarían en las arcas de los personeros del régimen. No obstante el fomento de nuevos renglones productivos en las dos décadas precedentes, la economía cubana, uncida al azúcar, no alcanzaba un crecimiento satisfactorio. Evidencia máxima de ello era la masa de desempleados y subempleados que ya, a mediados de la década de 1950, llegaría a constituir la tercera parte de la fuerza laboral del país.

El intento de la tiranía por legalizar su estatus mediante unas espurias elecciones en 1954, serviría al menos para aplacar su saña represiva. La circunstancia fue aprovechada por el movimiento de masas que en 1955 ascendió de manera significativa y logró la amnistía de los presos políticos -entre ellos los combatientes del Moncada- y escenificó huelgas obreras de gran importancia, sobre todo en el sector azucarero. En ese mismo año se funda el Movimiento Revolucionario 26 de Julio, constituido por Fidel Castro y sus compañeros, y un año más tarde se crea el Directorio Revolucionario, que agrupa a los elementos más combativos del estudiantado universitario.

La desacertada política de ascensos, el estímulo a entronizar el nepotismo, el favoritismo, la adulonería y la falta de preparación técnica y profesional de algunos de los principales jefes y oficiales del Ejército, constituyeron elementos que influyeron en la decisión de un grupo de oficiales con preparación académica conspirar por mejorar la profesionalidad de la institución. Estos oficiales llamados "Puros" podían ser localizados principalmente en el Campamento Militar de Columbia, la Fortaleza de la Cabaña y en las escuelas militares. Entre ellos se destacaban: José Ramón Fernández, José Orihuela, Enrique Borbonet, Ramón Barquín, Manuel Varela Castro, entre otros. Una denuncia provocó la detención de todos los complotados y el aborto del intento sedicioso.

Otro hecho que preocupo al régimen batistiano fue el asalto al cuartel "Domingo Goicuría" el 29 de abril de 1956. Unos 50 hombres alrededor de las 12:00 atacan e intentan ocupar el cuartel "Goicuría". La inmensa mayoría de los combatientes eran militantes de la organización auténtica (OA) y estaban dirigidos por Reinold García. La acción resultó un fracaso rotundo porque eran esperados, la prueba está en el saldo de la acción: 17 asaltantes muertos sin ningún herido, mientras el Ejército no tuvo bajas. El asalto a este cuartel, sede del Regimiento No 4 de la Guardia Rural, en Matanzas, constituyó un elemento que estimuló a los órganos de inteligencia y represión actuar con más energía y, en particular, a desarticular, neutralizar y no subestimar a los grupos de conspiradores pertenecientes a los auténticos.

Tras demostrar la imposibilidad de toda lucha legal contra la tiranía, Fidel Castro marcha hacia México con el propósito de organizar una expedición liberadora e iniciar la guerra revolucionaria. Por su parte, los partidos burgueses de la oposición ensayan una nueva maniobra conciliadora con Batista en busca de una salida "política" a la situación. El fracaso terminaría por hundirlos en el desprestigio.
El 2 de diciembre de 1956, Fidel Castro desembarcaba al frente de la expedición del yate Granma en las Coloradas, provincia de Oriente.

Dos días antes, los combatientes clandestinos del Movimiento 26 de Julio, al mando de Frank País, habían llevado a cabo en Santiago de Cuba un levantamiento de apoyo al desembarco.

Al no coincidir ambas acciones, el levantamiento terminaba en un fracaso. Tras el revés del lugar llamado Alegría de Pío, que dispersara al contingente expedicionario, Fidel Castro y un puñado de combatientes lograban ganar el firme de la Sierra Maestra para constituir el núcleo inicial del Ejército Rebelde. Su carta de presentación sería, un mes después, la toma del pequeño cuartel de La Plata, acción que serviría para desmentir las versiones propaladas por la dictadura acerca del total exterminio de los expedicionarios.

En 1957, mientras el Ejército Rebelde se gestaba en las montañas con una serie de acciones -entre las más importantes se encuentra el combate de El Uvero-, en las ciudades se desarrollaba con gran ímpetu la lucha clandestina. El 13 de marzo de ese año, un destacamento del Directorio Revolucionario realiza un ataque al Palacio Presidencial en La Habana, con el propósito de ajusticiar al tirano, pero fracasan. En esta acción caería en combate José Antonio Echeverría, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria. A los atentados y actos de sabotaje, la tiranía respondería con un incremento de las torturas a los detenidos y una oleada de crímenes. En el mes de julio, el asesinato de Frank País provocaría una huelga espontánea que paralizó gran parte de la nación. Poco después, en septiembre, el alzamiento del puesto naval de la ciudad de Cienfuegos pondría en evidencia las profundas grietas en las fuerzas armadas del batistato. A finales de año, el ejército fracasa en su ofensiva contra la Sierra Maestra, en la que ya se han consolidado dos columnas guerrilleras.

En la Sierra Maestra, Fidel Castro crea dos nuevas columnas al mando de los comandantes Raúl Castro y Juan Almeida, respectivamente, quienes deben abrir dos frentes guerrilleros en otras zonas montañosas de Oriente. La huelga convocada el 9 de abril se malogra con graves pérdidas para las fuerzas revolucionarias. Batista cree llegado el momento de liquidar la insurrección, y en el verano lanza una ofensiva de 10 000 hombres sobre la Sierra Maestra.

En feroces combates y batallas -Santo Domingo, El Jigüe, Vegas de Jibacoa, y otros-, las tropas rebeldes derrotan a los batallones de la tiranía que logran penetrar en la Sierra y los obliga a retirarse.

Ese es el viraje definitivo. Los partidos de la oposición burguesa, que hasta entonces han maniobrado para capitalizar la rebeldía popular, se apresuran en reconocer el indiscutible liderazgo de Fidel Castro.

Columnas rebeldes parten hacia diversos puntos del territorio nacional, entre ellas las de los comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos, quienes avanzan hacia la provincia de Las Villas. En esa zona ya operan diversos grupos de combatientes, entre otros los del Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular (Comunista). El 20 de noviembre, el Comandante en Jefe de las tropas rebeldes, Fidel Castro, dirige personalmente la batalla de Guisa, que marca el comienzo de la definitiva ofensiva revolucionaria.

En acciones coordinadas, las ya numerosas columnas del II y III frentes orientales van tomando las poblaciones aledañas para cerrar el cerco sobre Santiago de Cuba. Che Guevara, en Las Villas, toma uno tras otro los pueblos a lo largo de la carretera central y asalta la ciudad de Santa Clara, capital provincial, mientras que, por su parte, Camilo Cienfuegos rinde en tenaz combate el cuartel de la ciudad de Yaguajay.

El 1º de enero de 1959, Batista abandona el país. En una maniobra de última hora, bendecida por la embajada norteamericana, el general Eulogio Cantillo intenta crear una junta cívico-militar. Fidel Castro conmina a la guarnición de Santiago de Cuba a que se rinda y al pueblo a una huelga general que, apoyada masivamente por todo el país, aseguraría la victoria de la Revolución.
CONGRESO E INCENTIVOS
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Desde la prehistoria el hombre siempre ha tenido la necesidad de reunirse, de intercambiar opiniones, criterios o para analizar un determinado período de tiempo anterior y proyectarse hacia el futuro. En Cuba se recogen eventos desde las primeras reuniones de la Sociedad Económica de Amigos del País, creada en el Siglo XVIII o de la Academia de Ciencias Médicas y Físicas.

Al triunfo de la Revolución en 1959, Cuba era la principal plaza turística del Caribe, el turismo de Congresos tenía poco desarrollo a nivel mundial y es a partir de 1960 que se comienzan a realizar importantes eventos internacionales en nuestro país aunque no se promovía la actividad.

Solo a partir de 1979, año en que se inaugura el Palacio de Convenciones de La Habana con la celebración de la Cumbre de Jefes de estado de los Países No Alineados, se abre una nueva perspectiva y se promueve la participación de Cuba en organismos especializados como ICCA, AIPC, COCAL, AFIDA, UFI, etc.

En los años 80 ya se tiene plena conciencia de la importancia económica de este sector especializado del turismo y en Mayo de 1983 se crea el Buró de Convenciones de Cuba, mediante Decreto del Gobierno. A partir de este momento se comienzan a lograr importantes resultados en esta esfera de actividad, se logra la captación de importante eventos internacionales y se impulsa la creación de eventos de diseño propio, algunos de los cuales han logrado establecer su propia marca y un merecido reconocimiento internacional como son Pedagogía, Informática, Salud para Todos o la prestigiosa Feria Internacional de La Habana.

En los últimos 15 años se han obtenido importantes logros en esta modalidad turística y se han realizado y se continúan haciendo importantes inversiones en la creación de hoteles con facilidades para convenciones e incentivos, servicios afines y en nuevos centros de convenciones como el Plaza América ubicado en la hermosa playa de Varadero.

Hoy en día se realizan en el país más de 1500 eventos anuales de los cuales se recogen en nuestro calendario comercial aproximadamente 600 que constituyen los más significativos del quehacer cubano en eventos internacionales.

Otra modalidad que ha alcanzado importantes resultados es el Viaje de Incentivos que se ha desarrollado, sobre todo, en los últimos cinco años y en la que Cuba tiene mucho que ofrecer dada su ubicación geográfica, los mas de 1000 cayos que rodean la Isla Grande y sobre todo el carisma y la formación profesional de sus especialistas.

El Buró de Convenciones de Cuba reúne a todas las entidades vinculadas a este segmento turístico, en su labor de promoción de nuestro destino de Congresos e Incentivos, ya sean Centros de Convenciones, Hoteles, Receptivos o empresas de servicios.

Nuestro sitio web recoge, además de información general sobre Cuba, todas las facilidades para congresos, ferias y exposiciones así como el calendario de Eventos Internacionales que se desarrollarán en el país cada año.
MISION MEDICA CUBANA
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Impresionante vistazo fílmico a misión médica cubana

La obra, en unos 55 minutos, muestra variados aspectos de la misión medica de la isla antillana en Guatemala, Haití, Honduras, Malí, Namibia, Burkina Faso y Botswana captados con suma emotividad y elevada calidad artística.

La Habana, (AIN) Un impresionante vistazo a la colaboración médica cubana a siete países de Africa y América Latina logra el documental Montaña de luz que, dirigido por Guillermo Centeno, acaba de rodar el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC).

La obra, en unos 55 minutos, muestra variados aspectos de la misión medica de la isla antillana en Guatemala, Haití, Honduras, Malí, Namibia, Burkina Faso y Botswana captados con suma emotividad y elevada calidad artística.

Estremecedoras escenas desfilan a la vista del espectador, que a la vez que reflejan la trascendencia de la misión médica cubana en el mundo, reiteran la grandeza de la Revolución Cubana, patentizada en su generosa solidaridad para con los pueblos hermanos.

Una mirada desde lo artístico a este acontecimiento pretende el documental rodado por cineastas de valía como Centeno, Alejandro Ramírez, Alejandro Gil y Rafael Solís, quienes tomaron originales escenas en la selva africana, el desierto o en imponentes elevaciones latinoamericanas, para mostrar la triste realidad, folklore e historia de los lugares seleccionados.

En improvisados hospitales y consultas médicas, en medio de las más duras condiciones, los creadores acumularon una valiosa fuente documental que revela las experiencias de los galenos en las consultas, partos, operaciones quirúrgicas y otros servicios dirigidos a salvar vidas, entre éstas de niños aquejados de todo tipo de dolencias.

Proveniente de los archivos del ICAIC sobresale la banda sonora, diseñada por José Galindo y Ricardo Miranda a partir de la música de Leo Brouwer y Sergio Vitier.

De Miranda merece asimismo destacarse la impecable edición, que sustentada en cortes precisos y certeros, resultó decisiva en la obtención de un conjunto cuyo atractivo hilo conductor se mantiene a lo largo de todas las secuencias.

De la tarea del personal médico cubano hablan testigos de otras naciones presentes en el radio de acción de los misioneros cubanos de la salud, en tanto del corazón de estos últimos brota un profundo amor por el prójimo, visible en sus esfuerzos por salvar a toda costa una vida.

Para septiembre se espera el estreno en todo el país de este material, rodado en vídeo, afirmó Centeno, laureado camarógrafo y director de fotografía de más de 80 filmes documentales y de ficción.
TRADICIONES
Aliñao: la bebida de los nacimientos

En la zona Oriental de Cuba, sobre todo en la provincia Granma, cuando una mujer queda embarazada y decide que va a ser madre, junto con la canastilla o ajuar del futuro bebé, la familia comienza a preparar una bebida especial conocida como Aliñao.

En una vasija grande, preferentemente de vidrio, se comienza a depositar trozos de frutas cocidas en agua y azúcar. Aquí no pueden faltar los trocitos de piña, las ciruelas, cerezas, uvas...o sea, todas las frutas susceptibles de ser elaboradas en almíbar. La caña de azúcar, en pequeñas porciones pero sin previa cocción, también va a parar a esta dulce mezcla.

Cada familia le da su toque al Aliñao, es por eso que la cantidad de azúcar y alcohol dependen del gusto de la persona que lo elabore.

Al nacer el bebé y ser trasladado a casa, tras una breve estancia en el hospital, la familia festeja el nacimiento del pequeño brindándole a los visitantes una copita de Aliñao, y si el bebé es hembra, se guarda una botella de Aliñao que será descorchada cuando ésta cumpla quince años.Ya para ese entonces el Aliñao se habrá convertido en un jarabe de frutas que se mezclará con más alcohol y será brindado a los presentes que, por lo general, fueron testigos de los primeros pasos de la homenajeada.

Según cuenta Nora Herminia Mesa Toledo, artezana que ha hecho de la confección del Aliñao su especialidad, son tan remotas sus raíces que su origen se pierde en el tiempo, y ella es depositaria de la receta más antigua... En la actualidad la receta original se ha ido transformando con el tiempo y cada quien hace de esta bebida una creación particular, pero la esencia no se ha perdido.


"Antes se seleccionaba una cantidad grande de ciruelas de abundante masa, luego se ponían a hervir durante cinco minutos y después de escurrirlas de un día para otro, se "ahogaban" en aguardiente de caña durante cuarenta y cinco días. Finalizado este tiempo, se ponían nuevamente a escurrir uno o dos días más y al término de esta jornada se cocinaba un almíbar al cual se le añadía canela y hojas de higo y se sumergían las ciruelas en ella.

¿El Aliñao?... Este se preparaba utilizando como base el aguardiente de caña en el que se habían ahogado las ciruelas, el cual, ya casi convertido en un caldo, se le añadían las frutas cocidas en almíbar, y si el recipiente del contenido se enterraba era mucho mejor, entonces sí era una exquisitez."

En la actualidad la receta original se ha ido transformando con el tiempo y cada quien hace de esta bebida una creación particular, pero la esencia no se ha perdido.

Con el Aliñao se espera y se da la bienvenida a cada recién nacido, o recién nacida, por estas tierras.
FIDEL CASTRO. UNA LEYENDA QUE AUN VIVE.
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Fidel Castro
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CUARTEL DE MONCADA
Al alba del 26 de julio, se lanza al asalto del cuartel Moncada un puñado de muchachos. Armados de dignidad y cubanía y unas pocas escopetas de cazar pajaritos, se baten contra la dictadura de Fulgencio Batista y contra medio siglo de colonia mentida de república.

Algunos, pocos, mueren en la batalla, pero a más de setenta los remata el ejército al cabo de una semana de tormentos. Los torturadores arrancan los ojos de Abel Santamaría y otros prisioneros.

El jefe de la rebelión, prisionero, pronuncia su alegato de defensa. Fidel Castro tiene cara de hombre que todo lo da, que se da todo, sin pedir el vuelto. Los jueces lo escuchan, atónitos, sin perder palabra, pero su palabra no es para los besados por los dioses: él habla para los meados por los diablos, y por ellos, en nombre de ellos, explica lo que ha hecho.

Fidel reivindica el antiguo derecho de rebelión contra el despotismo:

—Primero se hundirá esta isla en el mar antes de que consintamos en ser esclavos de nadie…

Majestuoso, cabecea como un árbol. Acusa a Batista y a sus oficiales, que han cambiado el uniforme por el delantal del carnicero. Y expone el programa de la revolución. En Cuba podría haber comida y trabajo para todos, y de sobra:

—No, eso no es inconcebible…

26 de Julio de 1953.
DISCURSOS:
FIDEL CASTRO
El ultimo discurso.....

Palabras pronunciadas por el Presidente de la República de Cuba Fidel Castro Ruz, en el encuentro con las fuerzas médicas prometidas para apoyar al pueblo de Estados Unidos, en las regiones afectadas por el huracán Katrina. 4 de septiembre de 2005.



Queridos integrantes de la fuerza médica constituida para ofrecer apoyo a los afectados por el huracán Katrina en el sur de Estados Unidos;

Distinguidos invitados;

Compatriotas:

Hace apenas 48 horas estaba concluyendo mis palabras en la Mesa Redonda, donde reiteraba con toda precisión nuestra oferta de enviar una fuerza médica con los medios necesarios para prestar ayuda emergente a decenas de miles de norteamericanos atrapados entre las inundaciones y las ruinas que dejó tras sí el huracán Katrina a su paso por Luisiana y otros estados del sur de Estados Unidos.

Era evidente que el mayor peligro lo corrían aquellas masas desesperadas de población humilde, entre ellas muchas personas de la tercera edad con problemas de salud, mujeres embarazadas, madres y niños, que tenían necesidad urgente de atención médica.

En tal situación, no importa cuán rico sea el país, el número de sus científicos y sus grandes avances técnicos; lo que en ese instante se requiere son profesionales jóvenes y bien entrenados, curtidos por la experiencia probada de trabajo médico en circunstancias anómalas, que con un mínimo de recursos puedan ser enviados de inmediato, por aire o cualquier otra vía, a edificaciones o puntos concretos, donde seres humanos estén en peligro de muerte.

En el caso de Cuba, a muy poca distancia de Luisiana, Mississippi y Alabama, se daban esas circunstancias propicias para ofrecer apoyo al pueblo norteamericano. A Estados Unidos en ese momento se le podían donar de todas partes del mundo miles de millones de dólares sin que con ello se salvara una sola vida de las que en Nueva Orleans y otros puntos críticos corrían en esos instantes mortales peligros. Cuba no podría hacer lo más mínimo para auxiliar a los tripulantes de una nave espacial o de un submarino nuclear en peligro; pero a las víctimas del Katrina, en riesgo inminente de muerte, podía ofrecerles significativa y vital ayuda. Y eso fue lo que hizo desde el primer instante, el martes 30 de agosto, a las 12:45 p.m., cuando apenas habían cesado los vientos y las lluvias. No se arrepiente de ello, aunque ni siquiera se haya mencionado su nombre en la larga lista de países que ofrecieron solidaridad al pueblo norteamericano.

Porque sabía muy bien que contaba con hombres y mujeres como ustedes, me atreví a reiterar la oferta tres días después, al prometer que en menos de 12 horas podrían estar en Houston los primeros 100 médicos con los recursos vitales cargados en sus mochilas; en 10 horas más, otros 500; y en menos de 36 horas, 500 más, para una suma total de 1100, que pudieran salvar aunque fuera una sola vida de las muchas que en esos instantes dramáticos estaban en riesgo de perderse.

Tal vez algunos que desconocen el honor y el espíritu solidario de nuestro pueblo pensaron que se trataba de un bluff o una ridícula exageración. Jamás nuestro país juega con asuntos tan serios, ni ha practicado nunca el deshonor de la demagogia o la mentira. Es por ello que con orgullo nos reunimos en esta sala del Palacio de Convenciones, donde hace solo tres días se guardó un minuto de silencio por las víctimas del huracán que azotó a Estados Unidos, y se expresaron nuestras más sentidas condolencias a ese pueblo hermano. Aquí estamos, y no con 1100 sino con 1586 médicos, incluidos 300 de reserva, ante las noticias cada vez más alarmantes que llegaban. En realidad se han incorporado a última hora otros 300 médicos, aproximadamente, adicionalmente convocados que no podían estar aquí, pues ya anunciamos la disposición de enviar miles más si fuera necesario. Pero esos 300 están en otras salas de este Palacio de las Convenciones participando del acto. Bastaron 24 horas para que desde todos los rincones del país se movieran hacia nuestra capital la totalidad de los convocados para llevar a cabo la misión prometida. Hemos cumplido con absoluta puntualidad y precisión.

Ustedes honran la noble profesión médica. Ustedes, con su respuesta rápida y sin vacilación alguna, dispuestos a cumplir el deber en nuevas y difíciles condiciones, están escribiendo una página en la historia de la solidaridad entre los pueblos y están señalando un camino de paz a la sufrida y amenazada especie humana a la cual pertenecemos todos.

En esa fuerza médica están incluidos —y me refiero a los 1 586 mencionados inicialmente:

· 1097 especialistas en Medicina General Integral, de los cuales más de 600 estudian Maestrías en Ciencias Médicas;

· 351 médicos generales e intensivistas;

· 72 profesionales que dominan dos especialidades médicas; y

· 66 especialistas en Cardiología, Pediatría, Gastroenterología, Cirugía, Psiquiatría, Epidemiología y otras especialidades.

De esta fuerza:

· 699 médicos han cumplido una o más misiones internacionales en 43 países, algunos tres; y

· 727 se encontraban preparados y a punto de partir para cumplir misión en América Latina, África y Asia, los cuales podían incorporarse a esta fuerza por la urgencia de la situación en el sur de Estados Unidos, y sin dejar de cumplir, con otro personal de similares características, los compromisos internacionales contraídos con otros países.

La edad promedio de todo el personal es de 32 años —la inmensa mayoría no había nacido al triunfo de la Revolución y unos cuantos no habían nacido ni siquiera 15 años después del triunfo, es todo fruto de estos años duros—, y la experiencia promedio en el ejercicio profesional no menos de 10 años. Algunos más, otros menos, la mayoría más.

729 son hombres y 857 mujeres.

La gravedad de la situación sanitaria y los peligros que dejó tras sí en Estados Unidos el huracán Katrina se refleja de forma elocuente en las agencias cablegráficas internacionales y en la propia prensa de Estados Unidos:

La agencia EFE informa que en el estadio de Houston, Texas, ahora convertido en albergue de más de 15 mil personas evacuadas desde Nueva Orleans, apenas unas tres mil han podido recibir atención. Se ha reportado allí la existencia de enfermedades altamente contagiosas, así como brotes de diarreas y vómitos que amenazan con propagarse aceleradamente debido a las condiciones de hacinamiento en que se encuentran estas personas.

El Washington Post en su edición de ayer sábado informa que las principales necesidades en Mississippi en estos momentos son combustible y asistencia médica.

Un despacho de la agencia AP informa que dos de los hospitales con mayores problemas en Nueva Orleans fueron evacuados después que los médicos desesperados, pasaron dos días tomando la difícil decisión de a qué pacientes debían repartirles el escaso suministro de comida, agua y medicamentos. Tres enfermos terminales fallecieron durante la evacuación, y no se podría precisar cuántos murieron antes de que llegara finalmente la ayuda. Algunos empleados del hospital se suministraron entre sí sueros intravenosos a la espera de ser rescatados.

La cadena Fox News destacó ayer que los trabajadores de la salud en Nueva Orleans están trabajando las 24 horas, sin descanso, para tratar a los pacientes en estado crítico y prevenir una catástrofe sanitaria en las ya abarrotadas instalaciones médicas. Estos trabajadores de la Salud han estado trabajando sin descanso pero se agotan las fuerzas; se necesita hacer algo urgente.

Un vocero del Departamento de Salud y Hospitales de Luisiana, Kyle Viator, declaró ayer que “tenemos pacientes de diálisis, diabetes, personas que necesitan un tratamiento regular y prescripciones. Nuestros recursos se acaban. Un tercio de la población está desplazada en estos momentos, y en ese grupo se incluye nuestro personal médico”.

Un artículo del diario español El Mundo recoge los dramáticos testimonios de Nina Ferguson, de 46 años, residente negra de Nueva Orleans, quien asegura no haber podido reprimir las náuseas nada más bajar del camión militar que la condujo a Houston, y añadió: “para esto nos quedábamos mejor en el Centro de Convenciones, donde he visto morir bebés deshidratados y a varios ancianos sin que nadie se preocupara por ellos”.

Otra residente Rosanne Asuen, diabética y obesa, tuvo que ser reanimada por una enfermera voluntaria que luchaba como ella por salir de allí.

Una madre, Evelyn Sander, de 23 años, cuenta cómo limpiaba el sudor de la frente de su bebé de un mes de nacido, Isaiah, con síntomas de deshidratación y comido por las moscas.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), expresó en un comunicado difundido ayer sábado su preocupación por la situación de los niños en las zonas afectadas. Según la UNICEF, se calcula que entre un tercio y una cuarta parte del millón doscientas mil personas que quedaron desamparadas en Luisiana, Mississippi y Alabama son niños.

Un portavoz del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), con sede en Atlanta, dijo a EFE que las aguas estancadas presentan un ambiente idóneo para la propagación del Virus del Nilo, así como el surgimiento de brotes de Hepatitis A y de la bacteria E. Coli, un patógeno potencialmente mortal que puede provocar, entre otros síntomas, diarreas y fallos renales.

Un cable de la AFP fechado ayer en Houston señala que Texas prometió albergar a los miles de personas desplazadas, y que en los hoteles de Houston comienza a faltar el agua y los enfermos demoran en ser curados. Steven Glonsky, médico del Hospital Metodista de esa ciudad, quien pasó trece horas atendiendo a sobrevivientes deshidratados, traumatizados y con enfermedades crónicas como Diabetes e Hipertensión, aseguró que se trataba de una crisis sin precedentes.

El jefe de la bancada republicana del Senado norteamericano, Hill Frist, quien se encuentra en Nueva Orleans, reconoció que “los médicos y las enfermeras están haciendo un gran trabajo, pero sigue habiendo un grave problema de distribución de la asistencia”, y que “decenas de personas mueren cada día”.

Según el Boston Globe, Luisiana y Mississippi están enfrentando el peor desastre de salud pública de la nación en muchas décadas.

Ese mismo diario recoge declaraciones del doctor Marshall Bouldin, Director de Diabetes y Metabolismo del Centro Médico Universitario en Mississippi, Jackson, quien señaló: “tenemos la oportunidad de ver cosas que no hemos visto en muchos años: cólera, fiebre tifoidea, tétanos, malaria. No habíamos visto condiciones tales en 50 años. Las personas están hacinadas y deambulan entre los excrementos”.

Sería interminable la lista de problemas de salud referidos de forma prácticamente unánime por la prensa y por las instituciones especializadas en cuestiones de salud.

Las mochilas de nuestros médicos contienen precisamente aquellos recursos requeridos para enfrentar sobre el terreno los problemas relacionados con la deshidratación, la hipertensión arterial, la Diabetes Mellitus, las infecciones en cualquier lugar del organismo: pulmones, huesos, piel, oído, vías urinarias, sistema reproductivo, aparato digestivo. Igualmente, medicamentos contra los vómitos; medicamentos que alivian el dolor y reducen la fiebre; medicamentos para la atención inmediata de las urgencias cardiacas, las alergias de cualquier tipo; para el tratamiento del asma bronquial y otros problemas similares con apenas cuatro decenas de productos de probada eficiencia en tales situaciones de urgencia.

Estos profesionales disponen de dos mochilas, cada una de las cuales lleva la colección de tales productos con 12 kilogramos de peso cada mochila; en realidad esto pudo comprobarse cuando se reunieron todas las necesarias, y en esas mochilas, que son de por sí mochilas grandes, solo cabía la mitad de ellas, es por eso que fue necesario preparar dos para cada uno, más el pequeño maletín donde están los equipos para el diagnóstico, apoyados, además, por una gran experiencia clínica que es lo que más se destaca en la característica de nuestros médicos, acostumbrados a prestar su servicio allí donde muchas veces se carece totalmente de equipos de Rayos X, ultrasonidos, análisis de heces fecales, de sangre, etcétera, etcétera. Los medicamentos suman en total, al ascender el número de médicos, 36 toneladas. El cálculo inicial era menor.

Cuba posee autoridad moral para opinar sobre el tema y hacer esta oferta. Cuenta hoy con el más alto índice de médicos per cápita entre todos los países del mundo, y ningún otro ha desarrollado mayor cooperación en el campo de la salud con otros pueblos.

De más de 130 mil profesionales de la salud de nivel universitario, en este momento, 25.845 cumplen misión internacional en 66 países. Atienden una población de 85 millones 154 mil 748 habitantes, 34 millones 700 mil en América Latina y el Caribe y 50 millones 400 mil en África y Asia. De ellos, 17.651 son médicos, 3.069 son estomatólogos y 3.117 son tecnólogos de la salud en ópticas y otras áreas.

Hoy en Cuba estudian Medicina más de 12 mil jóvenes procedentes de otros países, especialmente de América Latina y el Caribe, sin costo alguno, y este número se multiplicará rápidamente. En la Escuela Latinoamericana de Medicina estudian incluso decenas de jóvenes norteamericanos, y sus puertas están abiertas, desde que se fundó, para estudiantes de ese país.

Hoy mismo recibí una emocionante carta de alumnos egresados de ese Centro, que dice textualmente:

“Excelentísimo Comandante Fidel Castro Ruz;

“Querido Comandante en Jefe:

“A partir de los horrorosos hechos ocurridos en Nueva Orleans consecuencia del devastador huracán Katrina, y de su intervención en horas de la tarde en la Mesa Redonda, nosotros, los hondureños y otros graduados de la ELAM, nos sentimos conmovidos por la situación que padecen actualmente los hermanos norteamericanos, y habiendo sido nosotros mismos víctimas de un desastre natural, como lo fue el huracán Mitch, nos solidarizamos ante esta tragedia y deseamos sumarnos a la oferta que usted ha hecho a ese hermano pueblo de enviar médicos generales para auxiliar en estos momentos críticos.

“Sepa que en nosotros tiene ‘médicos dispuestos a ir allí donde más se les necesite’.

“Nuestros caminos incorporados a su sueños.

“Con cariño infinito y eternamente agradecidos,

“Primera Promoción de Graduados de la ELAM.”

Esta carta la suscriben 85 jóvenes recién graduados de la Escuela Latinoamericana de Medicina, quienes manifiestan que las firmas y nombres representan a los compañeros presentes en La Habana, y que existen más compañeros dispuestos pero que se encuentran fuera del país de vacaciones.

Cuando se inició nuestra primera guerra de independencia en 1868, un grupo de ciudadanos norteamericanos se incorporó a las fuerzas patrióticas cubanas. Uno de ellos, muy joven, se destacó por su excepcional valor y escribió páginas de admirable heroísmo: Henry Reeve. Su nombre inolvidable está inscrito en el corazón de nuestro pueblo y junto al de Lincoln y otros norteamericanos ilustres, en la Tribuna erigida durante los días de la lucha por el regreso del niño Elián González, en la que el noble pueblo de Estados Unidos fue factor decisivo en la obtención de una decisión justa.

Henry Reeve, ya casi inválido por sus heridas después de siete años de guerra, cayó combatiendo el 4 de agosto de 1876, en las cercanías de Yaguaramas, hoy provincia de Cienfuegos.

Propongo que esta fuerza constituida por médicos cubanos que se ofrecieron para salvar vidas norteamericanas, lleve el nombre glorioso de “Henry Reeve”.

Estos médicos —es decir ustedes— podrían estar ya todos allí prestando sus servicios. Han pasado 48 horas y no hemos recibido respuesta alguna a la reiteración de nuestra oferta. Esperaremos pacientemente los días que sean necesarios. Mientras tanto, emplearán su tiempo en cursos intensivos de epidemiología y perfeccionando el idioma inglés. Si finalmente no llega respuesta alguna o no fuera necesaria su cooperación —la de ustedes—, no por ello habría desaliento en nuestras filas —ni en ustedes ni en nosotros, ni en nuestro pueblo. Muy por el contrario, nos sentiríamos satisfechos de haber cumplido nuestro deber y sumamente felices de saber que ningún otro ciudadano norteamericano de los que sufrieron el golpe doloroso y traicionero del huracán Katrina muera sin asistencia médica, si esa fuera la causa de la ausencia de nuestros médicos.

La Brigada “Henry Reeve” ha sido creada, y cualquiera que sea la tarea que ustedes asuman en cualquier rincón del mundo o en nuestra propia patria, llevarán siempre la gloria de la respuesta valiente y digna que han dado al llamado de solidaridad con el pueblo hermano de Estados Unidos, y en especial sus hijos más humildes.

¡Adelante, generosos defensores de la salud y de la vida, vencedores del dolor y de la muerte!

Gracias.

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